Andre García Becerra

Andre García Becerra
Estudiante de Maestría y Docente - Escuela de Estudios de Género
Facultad de Ciencias Humanas
Universidad Nacional de Colombia - Sede Bogotá

Hola, soy Andre, antropóloga y trasexual colombiana. Me preocupa el tema de la movilización en contra de aparecer en el próximo manual DSM - V, pues es un asunto bien complejo y con múltiples aristas. No es algo tan simple creo yo, sobre todo para las transexuales y travestis que nos intervenimos el cuerpo en busca de nuestra verdadera identidad. Si bien es importante luchar a favor de la des-patolgización de la transexualidad y de lo transgénero, considero que puede ser ventajoso para nosotras que se nos reconozca como un transtorno de la identidad de género, pues de esta manera es posible luchar para que los diversos sistemas de salud cubran nuestros tratamientos de cambio de género y de sexo. Cientos de chicas trans en nuestras ciudades se automedican hormonas y se hacen intervenciones riesgosas en el cuerpo, sin ningún tipo de seguimiento médico ni con la más mínima asepsia, para mi esto debe visibilizarce como un problema de salud púbica, pues muchas se enferman gravemente o mueren en busca de su verdadera identidad, mientras lo estados y los sistemas de salud no se inmutan. Creo que para algunas de nosotras puede ser beneficioso aparcer en el DSM - V de nuevo (como aparecemos en el DSM - IV), para seguir reivindicando nuestro derecho a tratamientos de transformación seguros y asumidos por el estado, no se trata de reconocernos como enfermas, sino de ser estratégicas en nuestras luchas y darle primacía al cuerpo intervenido que para muchas de nosotras es el fundamento de nuestra identidad. No todas las personas transgeneristas deben estar en el DSM - V a mi modo de ver, pero sí quizá las transexuales que nos intervenimos el cuerpo, se trata a mi modo de ver de un asunto de "esencialismo estratégico" para usar una idea de Spivak (importante feminista pos-colonial indú). No pensemos que el debate está cerrado y que todas estamos en contra del DSM - IV. Esto es simplificar la multiplicidad de nuestra lucha. Es imponer una prepectiva y tratarnos de modo homogéneo. Nuestro movimiento es diverso, como todos los movimientos sociales. No todas estamos de acuerdo con que se nos excluya del DSM - IV y no por esto nos sentimos enfermas. Yo me opongo radicalmente a la movilización que busca sacarnos a todas como categoría homogénera del DSM V. Una cosa es lo que piens una transformista y otra la que pienso yo como transexual, como académica y como la activista que desearía ser. No todas las personas que conformamos la T somos iguales. Hay diferencias de clase social, raza, identidad, edad, etc. Y en esas diferencias debemos reconocernos como colectivo. Reconozcamos particularidades, fortalezcamos autonomías, sin que esto signifique separaciones. Luchemos todas juntas, no solo las T, sino también las lesbianas, los gays, los bi, los campesinos, el proletariado, las mujeres, los migrantes, etc... Articulemos nuestras fuerzas en contra de este sistema heterosexista, sexista, capitalista, clasista, racista... Pero no perdamos la autonomía.

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Estimada Andre:

Muchas gracias por tu carta. Como bien dices se trata de un tema complejo que hace evidentes las diferencias, no sólo entre las identidades representadas en la T sino las distintas agendas que se dan en diferentes regiones del planeta. Esta campaña está impulsada principalmente desde Europa y es en España donde viene realizándose ya hace varios años. En los países latinoamericanos hay otras prioridades como el acceso a la salud, la lucha contra la violencia y el acceso al trabajo, no sólo de la población trans, sino de la población en general; eso hace patentes las grandes brechas que existen para tener una agenda de apuestas comunes.

Como Secretariado Trans Mundial tenemos que atender a las distintas necesidades y difundir y dar voz justamente a esa diversidad de propuestas. En América Latina no hay una campaña para que el transtorno de identidad de género sea removido de los manuales de psiquiatría, aunque en ocasiones anteriores hemos apoyado esta iniciativa. Sin embargo, es una muy interesante pregunta la que tú planteas, si es que el salir de los manuales implicará que el Estado deje de asumir los gastos de las operaciones e intervenciones corporales que muchas personas trans realizan. Mi impresión es que ahí donde hay acceso libre y gratuito a los servicios de salud, como en muchos países europeos, aún sin el diagnóstico de transtorno de género se puede acceder a estos servicios.

De todos modos, es un tema que seguiremos debatiendo y será materia de siguientes entregas en nuestro boletín. Compartimos tu interrogante con los organizadores de la campaña así que añadimos aquí su respuesta para que tengas una amplia opinión al respecto.

Nuevamente muchas gracias por escribirnos.

Saludos,

Bethsabé.

Bethsabé Huamán Andía
Editora-Investigadora
Boletín T-Informa
Secretariado Trans de ILGA
http://trans_esp.ilga.org

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Querida Andre

Mi nombre es Miguel y el pasado septiembre escribí un artículo para el boletín de ILGA-Trans en donde planteaba establecer una red coordinadora para luchar contra el trastorno de identidad de género. He leído atentamente tus palabras y quisiera responderte.

Yo soy un joven sociólogo pero sobretodo un activista trans de Barcelona y llevo algunos años trabajando por la visibilidad de este colectivo. Algunas chicos y chicas trans después de pasar todo el proceso psiquiátrico para conseguir un certificado de disforia de género, decidimos explicar y cuestionar estos diagnósticos públicamente. Y así empezó una historia que se ha convertido en uno de los ejes más importantes de nuestra lucha: exigir la eliminación de la identidad trans de los catálogos de enfermedades mentales.

En este tiempo hemos discutido y debatido largamente con activistas que planteaban la cuestión del “esencialismo estratégico” y creo que es una de las críticas más frecuentes a nuestra revindicación. Por ello creo que vale la pena que de nuevo discutamos, hablemos y acerquemos posiciones.

Sin duda, creo que es importante que construyamos algo juntos, más allá de las estrategias y de los infinitos debates terminólogicos que actualmente escinden nuestro movimiento. A mí no me interesa tanto la lucha identitaria como la lucha por unos determinados derechos sociales. Digo esto porque para mí no se trata tanto de una cuestión trans como de una cuestión de salud pública, de un sistema sanitario inclusivo y universal para tod@s, un sistema para usuari@s y no para enferm@s.

Vayamos por partes. Yo creo que se mezclan dos cuestiones. Una que tiene que ver con la histórica reivindicacion del movimiento trans de acceder a la sanidad pública para evitar las autohormonaciones, las cirugías de riesgo y todo lo relativo a las modificaciones del cuerpo. Y la segunda, que tiene que ver con el derecho de las personas trans a ver reconocido su modo de vida o su situación de manera digna y legítima, y no como un trastorno mental.

Después de leerte creo que puedo decir que estamos de acuerdo en estas dos premisas. En nuestro discurso, los dos explicamos que queremos una sanidad pública para l@s trans, y también que la cuestión de la patologización debe de ser estratégica porque no tenemos ningún trastorno. Lo que nos diferencia, es evidente, es la estrategia que utlizamos para defender estas dos cuestiones.

Explico esto porque creo que a menudo nos olvidamos de por qué estamos luchando y de que a pesar de los kilómetros y las palabras, tenemos objetivos comunes y debemos trabajar para construir algo a pesar de los matices, aliarnos para buscar estrategias cercanas, para discutirlas y para fortalecernos.

El discurso contra la patologización trans que yo conozco y que de alguna manera construyo explica que no podemos aceptar la etiqueta psiquiátrica de manera estratégica porque no tenemos ningún trastorno de la identidad de género en tanto que somos transexuales (o travestis o trasngéneros) y porque debemos exigir ser tratados por la sanidad sin asumir la etiqueta de enfermos. Foucault explicaba mucho mejor que yo cómo lo que antes era considerado una desviación se articula ahora como una patología y que en gran parte la psiquiatría es un instrumento de control de todo aquello que antes era penalizado y criminalizado. En este sentido, lo trans ha dejado de ser considerado una cuestión de orden público para pasar a ser una cuestión psiquiátrica. Y este hecho no es casual y debemos cuestionarlo. No es casual como tampoco lo es que los psiquiatras que decidirán si la transexualidad debe de estar en el próximo DSM fueran los mismos que practicaban terapias de electroshock a nuestros compañer@s gays y lesbianas.

Vayamos con lo del esencialismo estratégico. Para algunos activistas es estratégico mantener la etiqueta de trastorno mental para así tener un diagnóstico y un acceso a la sanidad. Yo creo que es más interesante modifcar la lógica de nuestro sistema sanitario antes que patologizar todo aquello que queremos que éste integre. La sanidad pública debe de ser un sistema para usuarios o para ciudadanos y no solo para enfermos. De hecho, la propia Organización Mundial de la Salud define la salud como “no solo la ausencia de enfermedad sino el desarrollo físico, social y emocional del individuo”. Creo que esta definición acoge bien la cuestión trans. Yo no estoy enfermo pero para poder desarrollarme plenamente en nuestra sociedad necesito quizás de una intervención. Es más, el sistema sanitario ya aborda casos en los que no hay enfermedad diagnosticada: embarazos y abortos, cirugías estéticas como las orejas de soplillo o incluso la reconstrucción de una parte del cuerpo si está es extirpada (el pecho en el cáncer de mama).

Es decir que no es que no hayamos pensado una y mil veces qué pasará cuando se descatalogue el trastorno de identidad de género con los tratamientos. Lo hemos pensado y hemos concluido cada vez, que no podemos hacer una reivindicación de mínimos, con complejos, con miedo a lo que nos puedan arrebatar. Nosotros no tenemos ningún trastorno mental y tenemos todo el derecho a decirlo, sin vergüenza, sin miedo. Es una reivindación legítima que entiende gran parte de la sociedad. Es más, paradójicamente hay muchas personas no-trans militando en el movimiento contra el trastorno que protestan con perseverancia a nuestro lado.

Y luego, nosotr@s, como muchas otras personas necesitamos del saber médico para desarrollarnos y vivir nuestras vidas. Por ello, el sistema de sanidad público debe cubrir estas necesidades. Quizás podríamos ir más allá y decir que estas necesidades tienen mucho que ver con nuestras sociedades, nuestros cánones de belleza, nuestra forma de educar en base a los roles masculinos y femeninos. Quizás si prestáramos atención a cómo construimos nuestro entorno y cómo aprendemos a leer los cuerpos (y a no leer también) comprenderíamos por qué tantas personas necesitan modificarlos para vivir.

Bueno, para terminar y volviendo a la lucha contra el transtorno de identidad de género, a mí no me interesa nada el debate sobre las causas de la transexualidad, creo que es una manera torpe de distanciarnos. No me interesa saber si es biológico o cultural porque saberlo no me cambia nada. A mí me parece bien que cada uno se explique su vida a sí mismo como quiera, con las definiciones que mejor le convengan. Ahora bien, sí tengo muy claro que decir que los transexuales (o travestis o transgéneros) tenemos un trastorno mental es una discriminación. Queremos que el DSM-V haga desaparecer esta catalogación porque no queremos que pasen 20 años más y que las otras generaciones que llegan más tarde vivan con la etiqueta del trastorno solo porque a nosotros nos parecía “estratégico”. Queremos que el sistema sanitario reconozca nuestra realidad sin tildarla de “disforia”. Y sobretodo, queremos hacer de esta reivindicación una lucha internacional, una presión que no deje indiferente a los psiquiatras que deciden por nosotros cada día en sus consultas, que nos contaminan con una filosofía del género que no compartimos, a la Asamblea de la Asociación Norteamericana de Psiquiatras, finalmente que no deje indiferente a nadie.

Esto es solo una respuesta posible, una argumentación, un discurso, y seguramente existen muchos más. Pero esta es la propuesta que defendemos y por la que estamos dispuestos a debatir, a hablar y a buscar puntos de encuentro. Quizás porque sabemos que en la lucha lo importante no es solo la meta sino también el camino, el empoderamiento, la reflexión y todo lo que seguramente tú bien conoces.

Un fuerte abrazo Andre.

Miguel Missé
Activista Trans de Barcelona
dormirensantiago@gmail.com


El Secretariado Trans Mundial se ha formado para enlazar a todos los grupos de activistas que buscan la igualdad de derechos y oportunidades para las personas transgéneros, transexuales, travestis e intersexuales.

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